donde se esconden los monstruos, azul rivera

¿Dónde se encuentran los monstruos diurnos?

Escrito por Azul River, autora de Los monstruos también salen de día (2025).

Hay monstruos que no necesitan oscuridad para existir.

No necesitan sábanas blancas ni tampoco vivir en medio de un bosque tenebroso para acecharte. Los monstruos de los que hablo te hacen el desayuno, te saludan al entrar en alguna tienda, algunos incluso pueden detenerse a reir contigo. Son difíciles de reconocer porque se disfrazan de rutina, de hábitos, de respuestas aprendidas, automáticas.

Este es el monstruo diurno y puede aparecer incluso en una frase heredada.

En un «no hagas escándalo» que el cuerpo aprende a callar así se encuentre adolorido, tenga miedo y tiemble. El cuerpo lo ha aprendido, debe quedarse inmóvil, quieto, en silencio. No debe molestar.

Este monstruo puede también presentarse como una expectativa o un silencio que se repite. Puede vivir hasta en una lógica afectiva internalizada:


Si te portas bien, si haces esto, si cumples, si no molestas…

Una estructura peligrosa aprendida…

Porque se crece comprendiendo que el amor es condicional:

«Para que me quieran, para recibir amor, debo ganármelo».

Y luego nos preguntamos por qué nos aferramos a un trabajo que nos explota. (¿Tal vez sentimos que somos valiosos solo cuando nos agotamos?).

En lo afectivo, quizá somos de los que damos todo por la otra persona incluso sin esperar nada a cambio. (¿Tal vez porque creemos que así se gana el afecto?).

Tampoco podemos descansar, tener algún placer sin culpa. (¿Tal vez porque sentimos que no nos lo hemos ganado?).

Y lo peor llega cuando cometemos un error o nos equivocamos. Aquí llega el monstruo, la culpa, para susurrarnos que tal vez no merecemos amor.

Pero hay otras veces en las que el monstruo se ve reflejado en el espejo. Lo reconocemos por sus gestos, sus silencios inexplicables, incómodos y no podemos dejar de mirarlo, de escucharlo. Es un monstruo sutíl, sigiloso.

No grita, pero se instala.

Los monstruos diurnos sí existen.

Se envuelven en tu piel y viven adentro, allí al fondo. Te dicen que exageras, que eres rara, que solo tú te sientes así.

Mi narrativa no busca enterrarlos ni devolverlos a la oscuridad. Busca sacarlos a la luz, darles cuerpo, voz, historia.

Desde ahí escribo, desde ese lugar donde lo monstruoso aún carece de lenguaje.

¿Y tú? ¿Cómo son tus monstruos?


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